Primera Carta Apoderados

 

CARTA DIRIGIDA A TÍ…MADRE, PADRE, ABUELA, ABUELO, MUJER, HOMBRE… QUE HAS SEMBRADO VIDA Y CUIDAS DE ELLA…

Hola…que increíble que sean éstas, las circunstancias que propicien este tipo de encuentros, tan necesarios que, aunque a distancia…son de corazón a corazón, la vía más segura, pura y auténtica que en cualquier momento podemos tener.

Hoy, cuando la naturaleza nos insinúa que la distancia, el confinamiento y la austeridad son las mejores opciones que tenemos para cuidarnos y sobrevivir a esta compleja crisis, pareciera que debemos volver a mirar hacia adentro, tanto como sea posible…siendo entonces cuando comienza el real y quizá más difícil desafío… ese que siempre ha estado ahí, pero que no hemos visto por estar preocupados y hasta cierto punto distraídos con aquello que acontece fuera de nosotros.

Ese desafío no es otro, que ponernos frente a frente con aquello que queda cuando nuestro trabajo, nuestro oficio, nuestra posición social, nuestras responsabilidades, nuestros roles, parecieran desvanecerse ante algo tan grave, tan profundo… que remece todo lo que hasta el momento nos ha sostenido para dejarnos en una especie de desnudez que nos obliga a mirarnos  en el espejo de la vida, tal y cual somos… una dura prueba para quienes evitan mirar su reflejo sin las vestiduras socio – culturales, que según nos han dicho, son fundamentales si queremos tener un lugar en la sociedad.

Y es exactamente ahí donde nos encontramos, en esa sensación de estar parados en medio de la nada, sin saber exactamente donde ir ni que hacer, salvo que todo vuelva a esa normalidad imposible en donde nuevamente nos volveremos a definir y vestir desde los roles, trabajos, responsabilidades y todo lo anteriormente mencionado.

Sin embargo, basta con mirar hacia el lado y aun en medio de toda esta incertidumbre veremos el rostro de niños, niñas y adolescentes… esas vidas que hemos sembrado al engendrar, al parir o tal vez al cuidar en ese crecimiento, que pase lo que pase, no se detiene, al igual que el viento o el agua en los ríos.

Cómo no verlos… si de alguna manera dependen de nosotros, sólo que ahora nos damos cuenta que esa dependencia va más allá de los sustentos materiales o económicos y que llega a aspectos emocionales y espirituales a los que tal vez no le habíamos puesto tanta atención.

Surge entonces la pregunta… ¿Qué les doy a estos pequeños o no tan pequeños seres humanos si no tengo claro lo que yo necesito darme a mí mismo para resistir, para encontrar paz, claridad y sobrevivir dignamente a esta dura prueba?

No hay respuestas ni claridades, pero te invitamos a encontrarnos en una siguiente carta… con la mente serena y el corazón abierto… tal vez juntos podamos aproximarnos a lo que tanto necesitamos, no saber, sino quizá reconocer…

Hasta pronto….

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